La carne, así sea chiquita no me puede faltar. Yo soy muy carnicero, pues los jugos de la carne y el sabor de la sangre cocida me encantan, también las texturas duras, semiduras y blandas que en ella encuentro (de acuerdo al tipo de carne, a la parte del animal que este consumiendo y la preparación) y la sensación de plasticidad o pegajosidad que algunas de ellas poseen. A los vegetarianos los respeto y admiro, pero a mi la combinación vegetal (verduras y almidones, etc.) y animal me caza.
Aliñada, sola, solo con aceite o sal me sabe a carne, y en cada pieza que como, busco encontrar el sabor que la hace característica; sea de res, cerdo, pollo o pescado, las mas comunes en Medellín.
Aclaro esto porque acá estamos muy mal enseñados con la carne y en general muchas personas dicen genéricamente que “me sabe a res, a cerdo, a pescado o a pollo”, este último, el sabor que se le da a cualquier tipo de carne diferente que se prueba fuera de Antioquia o del país.
En algunos restaurantes he escuchado, cosas como:
“La carne no sabe a nada o sabe a cuero por eso es que me gusta que me la den bien aliñada, ahí está el sabor”… en este caso parece que este comensal no ha estrenado el gusto y no se ha detenido en probar lo que se come.
“La pechuga de pollo sabe a trapo”… y aunque estoy de acuerdo en que el sabor es suave y un poco insípido, es la parte que mas me gusta del pollo, pues ese sabor suave tiene un gusto muy especial y la sensación de comer las fibras del ave y sentir lo que llamo “colágeno” entre mis dientes me produce una sensación gustativa deliciosa.
“El cañón de cerdo es muy bueno, pero si no fuera por el gordito del borde no sabe a nada”… pues otro gusto poco afinado a sentir sabores, por algo es que a algunos se les parece el sabor del cañón de cerdo al pollo y luego dicen que cualquier carne de textura suave y blanca les sabe a pollo…
En fin… una apreciación gustativa, luego de haber escuchado estas y muchas otras afirmaciones.